Ciencia, verano y superpoderes: el campamento del IDIBAPS vuelve al Centro Esther Koplowitz

Durante tres semanas de julio, el Centro Esther Koplowitz de Barcelona ha vuelto a llenarse de batas pequeñas. Más de 60 niños y niñas de entre 5 y 12 años han participado en la novena edición del campamento de verano científico del IDIBAPS, un programa que combina el juego con la primera aproximación al método científico.
Un campamento con nueve años de historia
La actividad se ha celebrado del 13 al 31 de julio de 2026 y cumple ya nueve ediciones. Nació con un doble propósito que sigue vigente: ofrecer un recurso a las familias con hijos pequeños durante las semanas de verano y, al mismo tiempo, despertar la vocación científica desde la infancia.
Detrás de cada edición hay una idea sencilla: la ciencia no se aprende solo escuchando, sino experimentando. Por eso el campamento se apoya en la observación directa del entorno, el trabajo en equipo y la resolución de retos, tres ingredientes que ayudan a los más pequeños a razonar por sí mismos.

El laboratorio de los superpoderes
Cada año, el campamento de verano científico gira en torno a un hilo temático. En 2026 el reto ha sido «El laboratorio de los superpoderes»: descubrir la ciencia real que se esconde detrás de habilidades que parecen sacadas de un cómic.
¿Se puede controlar el clima? ¿Existe algo parecido a la teletransportación? ¿Cómo se cura el cuerpo a sí mismo? A través de experimentos y retos, los participantes han buscado la explicación científica de cada uno de esos «superpoderes», descubriendo que muchos fenómenos asombrosos tienen una base perfectamente real. La experiencia ha incluido, además, una visita al biobanco de la institución, uno de esos espacios que rara vez se abren a los más jóvenes.
Curiosidad, pensamiento crítico y conciliación
Más allá de los experimentos, el objetivo de fondo es cultivar tres cualidades que acompañan a cualquier futuro investigador: la curiosidad, el pensamiento crítico y la creatividad. Aprender a preguntarse por qué ocurren las cosas es el primer paso de toda vocación científica.
El campamento cumple también una función social nada menor: facilitar la conciliación familiar en unas semanas, las del verano, en las que muchas familias tienen dificultades para atender el cuidado de los niños. Ciencia y apoyo a las familias se dan aquí la mano.


El Centro Esther Koplowitz, la casa de la investigación biomédica en Barcelona
Que un campamento de verano científico se celebre en un centro de investigación de referencia no es casualidad, y merece detenerse en el escenario que lo hace posible.
El Centro Esther Koplowitz, inaugurado en 2010, es un centro de investigación biomédica situado en Barcelona, a escasos metros del Hospital Clínic. Su edificio de siete plantas alberga el trabajo de más de 300 investigadores dedicados al estudio de las causas, el diagnóstico y el tratamiento de enfermedades complejas: dolencias neurodegenerativas, cáncer, patologías cardiovasculares, respiratorias y renales, enfermedades del hígado, del sistema digestivo y del metabolismo, entre otras. Su modelo de trabajo lo ha convertido en un referente mundial sobre cómo estructurar la investigación médica dentro de un hospital universitario.
El Centro existe gracias a la Fundación Esther Koplowitz, que financió su construcción y lo donó para impulsar la investigación biomédica en España. Como recordaba el Dr. Vicente Arroyo, su primer director, sin ese impulso el rendimiento científico del entorno del Clínic sería hoy muy inferior. Aquella donación transformó la manera de investigar en el hospital y sentó las bases de un espacio que, dos décadas después, sigue produciendo conocimiento al más alto nivel.
Que sus instalaciones acojan cada verano a decenas de niños convertidos en investigadores por unas semanas cierra un círculo lógico: el mismo lugar donde se busca curar las enfermedades del futuro es también donde puede nacer la vocación de quienes algún día las investigarán.
Puedes leer la noticia original en la web del IDIBAPS: aquí.



